Ser natural es una máxima a cumplir siempre en la comunicación.
No se puede dejar de ser natural en la verbalización de un texto previamente escrito.
Se ha de sonar cómodo, resuelto y convincente.
Se ha de estar seguro de lo que se está diciendo; es decir, hay que tener claro lo que se quiere comunicar.
En las locuciones en directo (ejemplo: conexiones periodísticas o intervenciones audiovisuales) puede existir alguna duda o titubeo lo que contribuirá a humanizar la comunicación. Lo importante es saber qué se quiere decir y dudar un momento para encontrar la palabra más adecuada no es un defecto.
El ser humano es imperfecto y hay que ser conscientes de que el error también forma parte de la ecuación. Por lo tanto, hay que aprender a naturalizar la locución para aproximarla todo lo posible al “yo” comunicativo espontaneo y directo.
Hay que acomodar esa naturalidad al perfil y el contexto en el que te encuentres.
La “naturalidad adaptada” sería la indicada para que la locución encaje en los códigos comunicativos adecuados.
La existencia de acentos, contribuyen sin duda a realzar la identidad natural por lo que, salvo que se un acento muy marcado y distraiga o complique la inteligibilidad del mensaje, habría que abanderarlo y reivindicarlo.