La voz es magia y todo podemos ser magos con ella.
¿Por qué? Pues porque es una herramienta valiosísima que dota al ser humano de la capacidad de comunicar con palabras, con el lenguaje. Es, por tanto, un instrumento básico en la comunicación audiovisual.
Cada voz es diferente, tiene un sonido que la caracteriza, que la hace singular y única. Hay que buscar la identidad propia, la “diferenciación” que hace que cada persona, cada periodista, cada reportero sea especial y suene de una manera distinta: la suya.
Todos sabemos hablar. La verbal es la comunicación más eficaz. Pero hablar coloquialmente no es lo mismo que comunicar profesionalmente.
La locución, entendiendo por locución la verbalización de un texto previamente escrito, requiere convicción y NATURALIDAD. El gran problema de la mayoría de las personas es que DESNATURALIZAN la locución y suenan artificiales. En ellas aparece el llamado chip lector, los automatismos de la lectura en voz alta que resulta plana, neutra, lineal, monótona.
La locución es mucho más que la lectura en voz alta de un texto.
No se trata de leer sino de CONTAR algo. En el momento en que aprendas a contar una historia estarás comenzando a transmitir una información de manera auténtica, comprensible y efectiva.
La buena locución comienza con la redacción. Hay que escribir para contar. Se trata de redactar de manera que la verbalización resulte ágil y fluida y conseguir que la locución resulte cómoda y natural. Si el texto no puede ser manipulado y acomodado entonces hay que encontrar recursos que favorezcan que la locución resulte fluida, fácil y cómoda.
El adiestramiento en el uso de los recursos que potencian la locución es indispensable para conseguir la solvencia comunicativa y descubrir una personalidad diferencial en el audiovisual.